El catalán en Cataluña

El catalán se habla en un territorio de 68.730 km2, repartido entre cuatro estados europeos (España, Francia, Andorra e Italia) en el que viven más de 13,5 millones de personas. La pregunta es inevitable: ¿cuántas de estas personas entienden el catalán? O, para ser más exactos, ¿cuántas de estas personas lo hablan?

Dónde se habla

La situación del catalán no es homogénea en todo su ámbito lingüístico. En un extremo tenemos Cataluña, Andorra y la Franja de Ponent (un territorio aragonés que limita con Cataluña) y, en el otro, la ciudad de Alguer (en la isla de Cerdeña) y la llamada Cataluña Norte (en el departamento francés de los Pirineos Orientales). En Cataluña y la Franja de Ponent casi todo el mundo entiende el catalán, y la proporción de los que lo hablan supera el 75 %. En Alguer y en la Cataluña Norte, en cambio, sólo entienden el catalán la mitad de sus habitantes, y menos de la mitad lo hablan. En una posición intermedia se encuentran los otros dos territorios donde se habla catalán: las Islas Baleares y la Comunidad Valenciana. Así, de los 13,5 millones de personas que viven en el ámbito lingüístico del catalán, podemos afirmar que lo hablan más de 9 millones de personas y que 11 millones lo entienden.

Quién lo habla

Es muy importante relacionar toda esta información con la edad de las personas. En Cataluña, las Islas Baleares y la Comunidad Valenciana las personas más jóvenes son las que entienden mejor el catalán y tienen más capacidad de hablarlo. En Cataluña, por ejemplo, el porcentaje de los que hablan catalán, que es el 75 % de la población total, llega al 90 % entre los jóvenes de 15 a 29 años. En la actualidad es muy difícil conocer a gente joven en Cataluña con la que no se pueda hablar en catalán.

El catalán en la enseñanza

Todas estas cifras ya demuestran que el catalán no es una lengua minoritaria y recóndita, que sólo hablan los más mayores y que está a punto de desaparecer porque los padres ya no la enseñan a sus hijos. Menos en la Franja de Ponent, en la Cataluña Norte y en Alguer, el catalán es una lengua oficial en todo su ámbito lingüístico y está presente en algún grado en todos los ámbitos de la sociedad. El catalán, por ejemplo, se enseña en todas las escuelas, y muchos niños, sobre todo en Cataluña, reciben casi toda la enseñanza en esta lengua. El catalán también está presente en las universidades. En Cataluña, más del 70 % de los alumnos realizan el examen de ingreso a la universidad en catalán, y en las diferentes universidades catalanas el uso del catalán como lengua docente se sitúa entre el 60 y el 100 %. Por esto es probable que muchos estudiantes que vienen de fuera a Cataluña tengan la oportunidad de cursar alguna asignatura en catalán, una tarea que no debe convertirse en un reto insuperable si ya saben castellano, puesto que ambas lenguas son muy similares. La experiencia demuestra que una persona que sepa castellano tarda menos de quince días en estar en condiciones de entender a alguien que habla en catalán. Y, por poco que se dedique, en muy pocas semanas ya sabrá hablarlo y, casi sin darse cuenta, habrá aumentado su capital cultural.

Lengua de cultura

La vitalidad del catalán también puede apreciarse en las estadísticas culturales. Cada año se editan en España cerca de 6.000 títulos en catalán, que constituyen el 12 % de toda la producción editorial española. En Cataluña, el 30 % de los diarios que se venden son en catalán, y el canal de televisión que tiene más audiencia es TV3, que emite toda su programación en catalán. En el mundo radiofónico, el líder de audiencia, Catalunya Ràdio, también emite íntegramente en catalán. En la ciudad de Barcelona, que es una verdadera potencia teatral, la mayoría de obras se representan en catalán. En esta área, el punto débil del catalán es el cine, donde su presencia todavía no llega a los porcentajes que serían esperables en una lengua tan profusamente utilizada en todas las demás manifestaciones culturales.

Lengua para el comercio

No obstante, el catalán no es sólo una lengua para la enseñanza y la cultura, sino también una lengua para el comercio y los negocios. En Cataluña, por ejemplo, es muy difícil ir a un banco o una tienda y no recibir atención en catalán; por otra parte, muchos establecimientos están obligados a facilitar en catalán toda la documentación que ofrecen a sus clientes. Así, un banco debe tener en catalán los talonarios; una agencia de viajes, los contratos; un hotel, las facturas... De hecho, todos los habitantes están en contacto con el catalán en su vida cotidiana. En Cataluña, el catalán está presente en cuatro documentos que periódicamente llegan a la mayoría de las casas: la factura de la luz, la del teléfono, la del agua y la del gas. En muchos casos, debe añadirse la hoja de la nómina, que a menudo es motivo de más alegrías que las facturas... Es cierto que la difusión del catalán todavía encuentra resistencias en algunos ámbitos (como los juzgados o la policía), pero poco a poco las resistencias se van venciendo. No queda mucho para que el catalán sea una lengua igual de «normal» que otras lenguas europeas demográficamente comparables, como el danés, el finés, el griego o el sueco.